Lo que vuela y lo que nada, lo que repta y lo que anda, lo que ahora nace y lo que ha vuelto a sus dominios de polvo. Todo se ha movido con una precisión que no reconoce vacilaciones o torpeza. El mundo, nuestro mundo, avanza con el ritmo dulce de una historia que se cuenta frente al fuego.
Alguien, cuyo rostro no se muestra, pronuncia ahora nuestros nombres.