Todo es viaje: la tierra en la noche infinita y nosotros, tripulantes peregrinos, estamos en ella. El espacio se abre como las páginas de un libro de agua, pero nosotros no vamos hacia ningún lugar, más bien nos dirigimos hacia un estado, una esencia.
Nuestra patria verdadera es la conciencia. Nuestras dos manos bregan, batallan, escriben y aman con pasión porque ansían regresar al vientre que nos ha formado.
Lo que llamamos dicha en esta tierra no es sino un reflejo pálido de ese pleno placer que nos espera al despertar y cuyo nombre no puede pronunciarse con lenguaje humano.
Hay, en el corazón de los hombres, una repentina intuición de eternidad, una chispa de la Verdad.


